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Tras la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos perdió el motor político que había impulsado el programa Apolo y se enfocó en los transbordadores, limitando la presencia humana a la órbita terrestre baja.La irrupción de China como potencia espacial y la alianza estratégica de la NASA con empresas como SpaceX reavivó una carrera donde el objetivo ya no es plantar una bandera, sino establecer una base permanente en Marte.